Capítulo VIII
“¿Podría ser todo parte de una conspiración de Fidel Castro para dominar Sudamérica, en conflicto con la CIA y el Tío Sam?”
[t0t01983]
Cuatro forasteros musculosos, pulcramente trajeados y con gafas oscuras, patrullan las calles de Rosario a bordo de una camioneta último modelo, ploteada con tempranas publicidades electorales del Partido Intransigente Joven Argentino Solidario y Obsecuente, cuyo lema es “La seriedad ante todo. Pepe Pompín presidente, Jacobo Winograb vice”. El conductor y su copiloto dialogan entre envoltorios de hamburguesas y vasos de gaseosas extra grandes.
__What do you think about the Yankees game last night?
__Ya te dije que no me gusta el tejo, y que hables siempre en español, como nos dijo el jefe.
__Pero si nadie nos está escuchando…
__Sabes tan bien como yo que cuando trabajas para la CIA siempre hay alguien escuchándote, en todo momento, inclusive cuando estas teniendo sexo con tu terapeuta y un san bernardo en un aerodeslizador habiéndole dicho a mi esposa que llevaba a castrar a nuestra mascota. Por supuesto que después lo llevé con el veterinario pero, por favor, ¡ese pobre animal se merecía un último momento de placer!
__¡¿Qué?!
__Eh… Nada, nada, que hables en español, porque sino no se entienden los chistes y nos sacan rápido de escena, como te pasó la otra vez en la playa.
__Eso salió tal cual lo planeado. Tuve una actuación excelente, y el acercamiento justo y necesario para ponerle un localizador al africano. A propósito, ¿te mostré la escena de American Pie 7 en la que le manoseo el trasero a una chica durante una fiesta mientras un gordito de anteojos le da una tira de condones al protagonista?
Mientras termina de hablar, saca una netbook de la guantera y la enciende. El conductor, fastidiado, mira por la ventanilla intentando ignorarlo.
__Si Jake, ya me la mostraste una decena de veces, estas detrás de la chica y ni siquiera se te ve… Un momento. ¿Ese que está ahí pegándole a un travesti no es el italiano?
Efectivamente, frente a la entrada de un minimarket, el capo mafioso Leonardo Codazzi golpeaba salvajemente a su secuaz Julián, también conocido como Juliana precisamente por vestirse con los ropajes que llevaba puestos en ese momento.
Presurosos y diligentes, bajaron los dos hombres que viajaban en la parte trasera de la camioneta, ataviados como sus compañeros pero con máscaras de Mickey Mouse que cubrían sus rostros. En cuestión de segundos, con notable profesionalismo y violencia, cubrieron la cabeza de Leo con una bolsa de arpillera que tenía bordado el logo de Ramones, le esposaron las manos detrás de su espalda y lo subieron a la camioneta. A gran velocidad, recorrieron unas pocas cuadras esquivando autos, triciclos, carros y viejas en zancos. Mientras, el tano forcejeaba inútilmente. Recién, con sus últimas energías, logra quitarse la bolsa de la cabeza cuando ya han bajado del vehículo. Ve frente a él una mansión reluciente, con terminaciones de mármol por doquier y un enorme jardín delantero de bello césped verde recién cortado. Junto a la entrada, alcanza a leer una pequeña placa dorada: “Consulado General de los Estados Unidos de Norteamérica”.
__Pero si en Rosario no hay ningún consulado de…
__¡Cállate italiano asqueroso, y sigue caminando!
No volvieron a cubrirle la cabeza, pero lo obligaron a mirar el piso mientras recorrían las instalaciones. En el hall de entrada había un escritorio, un banderín estadounidense y varios posters de Britney Spears, pero el resto de las habitaciones que atravesaban solo eran enormes espacios vacíos. Finalmente, una escalera los llevó al sótano. Una vez allí, tuvieron que pasar a través de tres puertas de máxima seguridad. Para abrir la primera ingresaron un código de 172 dígitos. En la segunda fue necesario un escaneo ocular de cada uno, inclusive de Leonardo. Para la tercera bastó con que uno de los hombres escupiera sobre un sensor metálico ubicado en el suelo, delante de la puerta.
En esta última habitación a la que ingresaron había una enorme máquina llena de cables, sensores y luces. Cerca de la pared opuesta, un hombre robusto de cabellos colorados con cara de pocos amigos apoyaba con firmeza sus manos sobre una mesita. Detrás de él, una gran pantalla LCD mostraba una imagen fija del Tío Sam y la leyenda “We need you to the Spectre Army”.
Ante la mirada atenta de este siniestro personaje, los demás hombres golpean a Leo hasta hacerlo flaquear un poco. Luego lo sientan y atan en la máquina, conectándole algunos cables en la cabeza y en los genitales. Todos se retiran, excepto Jake, el rubio actor frustrado, que permanece junto al colorado observando como Leonardo intenta balbucear algunas palabras.
__Quién… ¿Quiénes son? ¿Qué pretenden de mí?
__Somos de la CIA. Estás en graves problemas, ¡idiot! Uno de los perros que asesinaste… ¡era primo de la mascota del alcalde de Alburquerque!
__Silencio, Jake, deja de decir estupideces, la mascota del alcalde de Alburquerque es un caracol de medio metro. Deja de molestar aquí y vete afuera a jugar con tu nuevo frisbee.
__Si, señor.
Una vez que el colorado se quedó solo con Leo se desajustó la corbata y comenzó a hablarle con voz fuerte y segura, siempre mirándolo a los ojos.
__Eres un hueso duro de roer, Codazzi. Te estuvimos rastreando durante meses. Tuvimos que hacer circular ese rumor acerca del fin del mundo, y filtrar la información falsa acerca de la dirección de la preciosa rubia que tanto te obsesiona. Todo para hacerte ir allí solo y desprotegido. La operación hubiese sido un éxito, si ese maldito monstruo azul no se comía a los tres agentes que te estaban esperando. Pero ahora por fin eres mío. Y voy a hacerte hablar…
Del bolsillo interno de su saco extrajo un pequeño control remoto y lo presionó. El italiano recibió una fuerte descarga eléctrica que lo dejó terriblemente debilitado, doloroso y humeante. Sin la menor muestra de compasión, el agente siguió hablando.
__Ahora, si aprecias tu vida, vas a contarme todos los planes de los comunistas.
__Qué… ¿Qué comunistas? Yo no conozco a ningún comunista… No… no tengo nada que ver con ellos.
__¿Ah, no? ¡¿Entonces como es que mis hombres te vieron la semana pasada con una remera de la Juventud Comunista?!
__Fui… fui… a… un recital de Farolitos. Cuando me quise dar cuenta tenía la remera puesta. Y… y… y estaba ondeando una bandera enorme… con la cara del Che. No… no entendía nada.
Detrás de Leo, en la máquina a la que lo tenían conectado, se encendió una luz verde que decía “true”. El colorado se tomó la cabeza, confundido.
__What the f…!? ¿Cómo puede ser que estés diciendo la verdad? ¡¿Cómo puede ser que no sepas nada?! ¿Acaso no conoces a estos cuatro?
Tocó la pantalla que tenía detrás, y en ella aparecieron cuatro fotos antiguas en blanco y negro, en las que se podían ver los rostros de dos hombres y dos mujeres. Leonardo las observó realmente asombrado.
__¡Los fantasmas!
__Así es. Raúl Rumba, Yoel Herrero, Vilma Armenteros y María Inés Guajira Ronzales. Eran de los mejores guerrilleros de Fidel Castro. Murieron en una misión secreta durante la Revolución. En los últimos años Castro llegó a un nivel extraordinariamente avanzado en el dominio de las artes oscuras, por eso inventó el tema de su terrible enfermedad para relegar el cargo en su hermano y mantenerse alejado de la exposición pública. Todo para poder permanecer recluido concentrándose en sus poderes e invocar a sus antiguos soldados, llevando a cabo un maléfico plan para dominar Sudamérica y luego el resto del mundo. Se comenta que los fines de semana también invoca los espíritus de Chaplin y Olmedo para que le cuenten algunos chistes, pero eso no es precisamente un problema nuestro.
El italiano, confundido y asustado, no podía creer lo que escuchaba. El otro hombre ya no le prestaba atención, y seguía con su monólogo.
__¡Pero el pueblo latino no debe preocuparse! ¡Uncle Sam también está recluido formando su propio ejército de espectros! Norteamérica no dejará que sus hermanos del sur sufran por otras manos que no sean las nuestras. Estamos aquí para robar… digo cuidar su agua, su petróleo, y todos sus recursos naturales. ¡Debemos controlar y subyugar a todas las naciones del mundo, para así poder difundir e imponer nuestro mensaje de libertad e igualdad!
Mientras hablaba, acariciaba un osito de peluche azul, rojo y blanco. De alguna manera, de repente comenzó a sonar el himno norteamericano a todo volumen. Una vez que la música se detuvo, el jefe enjugó sus lágrimas y se dispuso a ladrar órdenes nuevamente.
__Este idiota no sabe nada, sáquenlo del edificio. Pero manténganlo con vida, si los rojos lo pensaban reclutar tarde o temprano se van a comunicar con él.
Los dos hombres que lo habían capturado rato antes, lo maniataron nuevamente y lo llevaron hasta la calle; sosteniéndolo bien fuerte porque no podía mantenerse en pie. Apenas salieron del edificio se escucharon varios disparos, y los dos agentes cayeron al suelo. Antes de que la falta de fuerzas hiciera caer también a Leonardo, una figura conocida lo sostuvo. Era Hermenegildo, su aliado otrora remisero.
__Rápido jefe, hay que salir de acá, estamos todos en grave peligro. Vine con la flota de camionetas 4x4 para que podamos escapar.
__¡Quietos ahí!
Esta última voz que los sobresaltó no provenía del Consulado ni de los hombres caídos, sino de las camionetas detenidas en medio de la calle. Una docena de coreanos armados con palos y rifles quemaba gomas y los amenazaba.
__¡Dígannos que calajo hicielon con Yan, antes de que los molamos a tilos!
Continuará…
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Capítulo VII
“No quiero caer en situaciones escatológicas, pero la huida de Leonardo podría ir por ese lado...”
[Villano_ac]
Varias semanas después, la organización de Leonardo tiene un rotundo repunte. Sus actividades, sus delitos, sus ingresos se incrementan. Su nombre empieza a sonar familiar en la ciudad. A partir de la muerte de las mascotas del vecino del intendente, la prensa comenzó a nombrarlos. Y la policía a seguirles el rastro.
El jefe físicamente está casi recuperado, aunque se moviliza con muletas. Como de costumbre, reúne a sus colaboradores más allegados. Esta vez en su nueva casa de barrio Martin.
Los hermanos Sandía son los primeros en llegar, con sus típicos atuendos charrúas y su infaltable rusticidad. Tras tocar el timbre, se asoma la madre del italiano.
__¿Contraseña?
__¿Puede salir Leo a jugar?
__Ah… Estos mamertos. Pasen. Debe estar en el living. No se coman al perro.
El living estaba vacío. Pero se escuchaban ruidos de la habitación de Leonardo. Como si varias personas estuvieran murmurando. Gerardo y Eduardo sacaron un salchichón de la heladera y se sentaron a esperar. Tras unos minutos, el italiano sale abriendo la puerta de par en par. No había nadie más que él en esa habitación. A los charrúas esto les parece un tanto extraño.
__¿Con quién hablaba, jefe?
__Eh… Estem… No, con nadie. Les habrá parecido. Estaba viendo El Zorro.
__El Zorro es marica. Me chupó la pinga.
Rafa, primo de Leonardo, era quien se sumaba a la conversación. Salía del baño semidesnudo y sin haber tirado la cadena.
__Callate, estúpido. Y vestite que deben estar por llegar los demás.
Los hermanos Sandía no dijeron más nada. Pero seguían intrigados. La respuesta de Leonardo era bastante sospechosa, puesto que él no tenía televisor en la habitación. De hecho, había uno solo en toda la casa, un plasma enorme, que ocupaba por completo una de las paredes del baño.
Enseguida estuvieron presentes todos los secuaces del italiano. Tras los saludos y unos breves comentarios banales, pasaron a los temas importantes.
__A ver, Mondongo, Julián y Willy… ¿Cómo va todo en el casino?
__No paramos de trabajar. Cada vez va más gente. Seguimos agregando mesas. Volvimos a aumentar el precio de las fichas y las apuestas mínimas, como dijiste.
__Excelente. ¿No hubo quejas?
__Solo del mudo, Roberto Rodríguez.
__¿Desde cuándo le dicen mudo?
__Desde que se quejó.
__Perfecto. Adrián y Ernesto, ¿salió sin problemas el cargamento de ayer?
__Sí. Pero tuvimos que volver a cambiar el recorrido. Igual vamos a tener mayor ganancia esta vez. Además de los medicamentos que robamos del hospital, ahora también estamos traficando muñequitos de Julio Cobos.
__Bien, bien. Manténganme al tanto. ¿Cómo van los remises y los carros?
__Unimos las dos empresas. Ahora tenemos una flota de camionetas 4x4 deambulando por toda Zona Oeste y gran parte de Zona Sur. Usamos los mismos vehículos para transportar pasajeros, cartonear, correr picadas, robar mampostería y repartir los pedidos de la pizzería esa en la que hacen empanadas con tu cara.
__Bueno. Que les pongan chimichurri. Quiero que controlen toda la Zona Sur y empiecen a actuar en el centro cuanto antes. ¿Qué tenés para mi, Alex?
__El dinero de la protección de los locales de Avenida San Martín. Con los Sandía estuvimos investigando al concejal Ferreira y a la piba de la remera de Greenpeace. Acá te conseguimos la dirección de la chica. Tenemos gente buscando a Yan por todos lados, pero hasta ahora no hay noticias. Es como si esa tarde el agua lo hubiera hecho desaparecer.
Leonardo se baboseó mirando el papel con la dirección de la hermosa rubia. Cuando levantó la vista contempló preocupado por un momento la puerta de su habitación. Hizo algunos gestos y señas extrañas. Los demás estaban confundidos, pues no había nadie más allí. Abruptamente, el italiano se dirigió hacia la habitación maldiciendo por lo bajo. Entró y cerró la puerta con fuerza, mientras sus compañeros lo observaban intrigados.
De nuevo se volvieron a escuchar voces. Pero detrás de esa puerta no era Leo el único que estaba. Lo acompañaban cuatro seres espectrales, dos figuras masculinas y dos femeninas, semitransparentes, extremadamente pálidas, horripilantes. En fin, cuatro fantasmas, que soportaban apaciblemente las reprimendas del tano.
__¿Cómo carajo es eso de que no pudieron robar el banco? ¡Son invisibles, idiotas! ¡Nada mas tenían que meterse en la bóveda y sacar todo lo que pudieran!
__Mirá, nos habíamos olvidado de un pequeño detalle. Resulta que así como podemos atravesar paredes, no podemos agarrar objetos. No podemos tocar nada. Físicamente no estamos. Por eso no pudimos sacar ni los billetes, ni el oro, ni las joyas, ni los chocolatines deslactosados.
__¿Posta? ¿Y los fantasmas que aparecen en la tele, que mueven cosas y te hacen cosquillas en los pies?
__Esos deben ser fantasmas más pro. Recién en el nivel tres se pueden tocar cosas, pero solo con las manos. De nosotros Jenny es la única que está en ese nivel. Lástima que no tenga brazos.
__¡Infelices! Entonces no me sirven para nada. ¡Váyanse de acá ya mismo! ¡Me están haciendo perder el tiempo!
Los cuatro espectros desaparecen mientras hacen resonar agudos gritos de desesperación junto con un horrible rechinar de cadenas y dientes premolares ensangrentados.
Mientras esperaban al jefe, los demás mafiosos habían montado un partido de rugby con el que inintencionadamente estaban destruyendo el living. Leonardo Codazzi salió de la habitación trajeado y perfumado, impecable. La expresión de su rostro era una mezcla entre seriedad y enojo.
__Pueden irse. Se terminó la reunión.
Ndungo se quedó sentado esperando a que los demás salieran. Cuando solo quedaron él y Leo, se le acercó, preocupado.
__Me parece que nos estamos pasando un poco de la raya. Habría que bajar un cambio. Estamos rozando la inmoralidad. La policía nos pisa los talones. Ese juez Dredd no nos da respiro. Tenemos un depósito lleno de órdenes de allanamiento y citatorios firmados por él. Algunos de los muchachos cambiaron de identidad cinco o seis veces. Podríamos dejar algunos negocios para más adelante…
__No. Más adelante puede ser demasiado tarde. No tengo ni un segundo que perder. Por eso ahora mismo voy a ir a buscar a la chica con la que estoy obsesionado desde el capítulo dos. Me voy a mandar a la casa nomás. Ya no me importa nada. No hay tiempo, Mondongo. No se lo digas a nadie, pero el fin del mundo está cerca.
__¿El fin del mundo?
Leonardo agarró su monopatín y salió apurado dejando a Ndungo tieso, lleno de preguntas, mucho más preocupado que antes.
La piba de la remera de Greenpeace vivía en una bonita casa en Alberdi. Leo llegó hasta allí agitado y nervioso. Se arregló el pelo tímidamente y encaró hacia la entrada. Tocó varias veces el timbre, hasta darse cuenta de que no funcionaba. En parte porque cuando lo presionaba no se escuchaba ningún sonido, en parte por el cartel enorme que decía “El timbre no funciona”. Entonces se dispuso a golpear la puerta, la cual se abrió sola ante el primer toque. Leo se asomó intentando anunciarse.
__Hola… ¿Hay alguien?
Al no recibir respuesta, entró. Recorrió la casa. Estaba vacía. Casi no había muebles o algún otro tipo de objetos. Pero las paredes estaban manchadas de sangre y se sentía un horrible olor. “¿Será que los ángeles huelen a podredumbre?”, pensaba. En el comedor había una mesa, y sobre ella, una nota escrita en italiano, en tinta roja:
“¡No vuelvas a intentar acercarte a ella, gil de goma!”
Escuchó pasos. Dejó la nota y levantó la vista. Caminaba hacia él una horrible criatura azul, de ojos rojos, con un enorme cuerno en la frente. Terriblemente asustado, Leo salió como un rayo, destrozando la puerta de entrada, y luego corriendo como nunca por solitarias calles rosarinas que se le hacían interminables.
Al llegar a una avenida se sintió un poco más seguro. Se detuvo y se inclinó un momento, jadeando. Una dulce voz femenina le ofrecía ayuda.
__¿Estás bien, amigo?
El italiano se puso de pie para contemplar a su interlocutora. No era otra que Juliana. O, mejor dicho, Julián vestido de mujer. Leonardo, muy asqueado una vez más, conteniendo el vómito, le asestó una trompada que dejó al travestido tendido en la acera, inconsciente.
Sentados en la cornisa de un edificio cercano, los fantasmas contemplaban todo lo que sucedía y conversaban entre ellos.
__Este tipo está batiendo cualquiera. No tendríamos que haberle dicho lo del fin del mundo.
__¿Cuál es el problema? Si no los dijo una visión, es la posta.
__¿La posta? No digas boludeces. Esa visión está todo el día dada vuelta. Incluso la vi vendiendo merca en la nube treinta y siete.
Continuará…
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Género: Comedia 75.00% Fantástico 12.50% Terror 12.50%
Tags: literatura, humor