sábado, 09 de enero de 2010

 

Capítulo VIII

 

“¿Podría ser todo parte de una conspiración de Fidel Castro para dominar Sudamérica, en conflicto con la CIA y el Tío Sam?”
 [t0t01983]

  

  Cuatro forasteros musculosos, pulcramente trajeados y con gafas oscuras, patrullan las calles de Rosario a bordo de una camioneta último modelo, ploteada con tempranas publicidades electorales del Partido Intransigente Joven Argentino Solidario y Obsecuente, cuyo lema es “La seriedad ante todo. Pepe Pompín presidente, Jacobo Winograb vice”. El conductor y su copiloto dialogan entre envoltorios de hamburguesas y vasos de gaseosas extra grandes.

  __What do you think about the Yankees game last night?

  __Ya te dije que no me gusta el tejo, y que hables siempre en español, como nos dijo el jefe.

  __Pero si nadie nos está escuchando…

  __Sabes tan bien como yo que cuando trabajas para la CIA siempre hay alguien escuchándote, en todo momento, inclusive cuando estas teniendo sexo con tu terapeuta y un san bernardo en un aerodeslizador habiéndole dicho a mi esposa que llevaba a castrar a nuestra mascota. Por supuesto que después lo llevé con el veterinario pero, por favor, ¡ese pobre animal se merecía un último momento de placer!

  __¡¿Qué?! 

  __Eh… Nada, nada, que hables en español, porque sino no se entienden los chistes y nos sacan rápido de escena, como te pasó la otra vez en la playa.

  __Eso salió tal cual lo planeado. Tuve una actuación excelente, y el acercamiento justo y necesario para ponerle un localizador al africano. A propósito, ¿te mostré la escena de American Pie 7 en la que le manoseo el trasero a una chica durante una fiesta mientras un gordito de anteojos le da una tira de condones al protagonista?

  Mientras termina de hablar, saca una netbook de la guantera y la enciende. El conductor, fastidiado, mira por la ventanilla intentando ignorarlo. 

  __Si Jake, ya me la mostraste una decena de veces, estas detrás de la chica y ni siquiera se te ve… Un momento. ¿Ese que está ahí pegándole a un travesti no es el italiano?

  Efectivamente, frente a la entrada de un minimarket, el capo mafioso Leonardo Codazzi golpeaba salvajemente a su secuaz Julián, también conocido como Juliana precisamente por vestirse con los ropajes que llevaba puestos en ese momento. 

  Presurosos y diligentes, bajaron los dos hombres que viajaban en la parte trasera de la camioneta, ataviados como sus compañeros pero con máscaras de Mickey Mouse que cubrían sus rostros. En cuestión de segundos, con notable profesionalismo y violencia, cubrieron la cabeza de Leo con una bolsa de arpillera que tenía bordado el logo de Ramones, le esposaron las manos detrás de su espalda y lo subieron a la camioneta. A gran velocidad, recorrieron unas pocas cuadras esquivando autos, triciclos, carros y viejas en zancos. Mientras, el tano forcejeaba inútilmente. Recién, con sus últimas energías, logra quitarse la bolsa de la cabeza cuando ya han bajado del vehículo. Ve frente a él una mansión reluciente, con terminaciones de mármol por doquier y un enorme jardín delantero de bello césped verde recién cortado. Junto a la entrada, alcanza a leer una pequeña placa dorada: “Consulado General de los Estados Unidos de Norteamérica”.

  __Pero si en Rosario no hay ningún consulado de… 

  __¡Cállate italiano asqueroso, y sigue caminando!

  No volvieron a cubrirle la cabeza, pero lo obligaron a mirar el piso mientras recorrían las instalaciones. En el hall de entrada había un escritorio, un banderín estadounidense y varios posters de Britney Spears, pero el resto de las habitaciones que atravesaban solo eran enormes espacios vacíos. Finalmente, una escalera los llevó al sótano. Una vez allí, tuvieron que pasar a través de tres puertas de máxima seguridad. Para abrir la primera ingresaron un código de 172 dígitos. En la segunda fue necesario un escaneo ocular de cada uno, inclusive de Leonardo. Para la tercera bastó con que uno de los hombres escupiera sobre un sensor metálico ubicado en el suelo, delante de la puerta.  

  En esta última habitación a la que ingresaron había una enorme máquina llena de cables, sensores y luces. Cerca de la pared opuesta, un hombre robusto de cabellos colorados con cara de pocos amigos apoyaba con firmeza sus manos sobre una mesita. Detrás de él, una gran pantalla LCD mostraba una imagen fija del Tío Sam y la leyenda “We need you to the Spectre Army”.

  Ante la mirada atenta de este siniestro personaje, los demás hombres golpean a Leo hasta hacerlo flaquear un poco. Luego lo sientan y atan en la máquina, conectándole algunos cables en la cabeza y en los genitales. Todos se retiran, excepto Jake, el rubio actor frustrado, que permanece junto al colorado observando como Leonardo intenta balbucear algunas palabras. 

  __Quién… ¿Quiénes son? ¿Qué pretenden de mí?

  __Somos de la CIA. Estás en graves problemas, ¡idiot! Uno de los perros que asesinaste… ¡era primo de la mascota del alcalde de Alburquerque! 

  __Silencio, Jake, deja de decir estupideces, la mascota del alcalde de Alburquerque es un caracol de medio metro. Deja de molestar aquí y vete afuera a jugar con tu nuevo frisbee.

  __Si, señor. 

  Una vez que el colorado se quedó solo con Leo se desajustó la corbata y comenzó a hablarle con voz fuerte y segura, siempre mirándolo a los ojos.

  __Eres un hueso duro de roer, Codazzi. Te estuvimos rastreando durante meses. Tuvimos que hacer circular ese rumor acerca del fin del mundo, y filtrar la información falsa acerca de la dirección de la preciosa rubia que tanto te obsesiona. Todo para hacerte ir allí solo y desprotegido. La operación hubiese sido un éxito, si ese maldito monstruo azul no se comía a los tres agentes que te estaban esperando. Pero ahora por fin eres mío. Y voy a hacerte hablar… 

  Del bolsillo interno de su saco extrajo un pequeño control remoto y lo presionó. El italiano recibió una fuerte descarga eléctrica que lo dejó terriblemente debilitado, doloroso y humeante. Sin la menor muestra de compasión, el agente siguió hablando.

  __Ahora, si aprecias tu vida, vas a contarme todos los planes de los comunistas. 

  __Qué… ¿Qué comunistas? Yo no conozco a ningún comunista… No… no tengo nada que ver con ellos.

  __¿Ah, no? ¡¿Entonces como es que mis hombres te vieron la semana pasada con una remera de la Juventud Comunista?! 

  __Fui… fui… a… un recital de Farolitos. Cuando me quise dar cuenta tenía la remera puesta. Y… y… y estaba ondeando una bandera enorme… con la cara del Che. No… no entendía nada.

  Detrás de Leo, en la máquina a la que lo tenían conectado, se encendió una luz verde que decía “true”. El colorado se tomó la cabeza, confundido. 

  __What the f…!? ¿Cómo puede ser que estés diciendo la verdad? ¡¿Cómo puede ser que no sepas nada?! ¿Acaso no conoces a estos cuatro?

  Tocó la pantalla que tenía detrás, y en ella aparecieron cuatro fotos antiguas en blanco y negro, en las que se podían ver los rostros de dos hombres y dos mujeres. Leonardo las observó realmente asombrado. 

  __¡Los fantasmas!

  __Así es. Raúl Rumba, Yoel Herrero, Vilma Armenteros y María Inés Guajira Ronzales. Eran de los mejores guerrilleros de Fidel Castro. Murieron en una misión secreta durante la Revolución. En los últimos años Castro llegó a un nivel extraordinariamente avanzado en el dominio de las artes oscuras, por eso inventó el tema de su terrible enfermedad para relegar el cargo en su hermano y mantenerse alejado de la exposición pública. Todo para poder permanecer recluido concentrándose en sus poderes e invocar a sus antiguos soldados, llevando a cabo un maléfico plan para dominar Sudamérica y luego el resto del mundo. Se comenta que los fines de semana también invoca los espíritus de Chaplin y Olmedo para que le cuenten algunos chistes, pero eso no es precisamente un problema nuestro. 

  El italiano, confundido y asustado, no podía creer lo que escuchaba. El otro hombre ya no le prestaba atención, y seguía con su monólogo.

  __¡Pero el pueblo latino no debe preocuparse! ¡Uncle Sam también está recluido formando su propio ejército de espectros! Norteamérica no dejará que sus hermanos del sur sufran por otras manos que no sean las nuestras. Estamos aquí para robar… digo cuidar su agua, su petróleo, y todos sus recursos naturales. ¡Debemos controlar y subyugar a todas las naciones del mundo, para así poder difundir e imponer nuestro mensaje de libertad e igualdad! 

  Mientras hablaba, acariciaba un osito de peluche azul, rojo y blanco. De alguna manera, de repente comenzó a sonar el himno norteamericano a todo volumen. Una vez que la música se detuvo, el jefe enjugó sus lágrimas y se dispuso a ladrar órdenes nuevamente.

  __Este idiota no sabe nada, sáquenlo del edificio. Pero manténganlo con vida, si los rojos lo pensaban reclutar tarde o temprano se van a comunicar con él. 

  Los dos hombres que lo habían capturado rato antes, lo maniataron nuevamente y lo llevaron hasta la calle; sosteniéndolo bien fuerte porque no podía mantenerse en pie. Apenas salieron del edificio se escucharon varios disparos, y los dos agentes cayeron al suelo. Antes de que la falta de fuerzas hiciera caer también a Leonardo, una figura conocida lo sostuvo. Era Hermenegildo, su aliado otrora remisero.

  __Rápido jefe, hay que salir de acá, estamos todos en grave peligro. Vine con la flota de camionetas 4x4 para que podamos escapar. 

  __¡Quietos ahí!

  Esta última voz que los sobresaltó no provenía del Consulado ni de los hombres caídos, sino de las camionetas detenidas en medio de la calle. Una docena de coreanos armados con palos y rifles quemaba gomas y los amenazaba. 

  __¡Dígannos que calajo hicielon con Yan, antes de que los molamos a tilos!
 

Continuará…

  

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Publicado por nikopunk2003 @ 19:49
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martes, 05 de agosto de 2008


Capítulo VII

 


“No quiero caer en situaciones escatológicas, pero la huida de Leonardo podría ir por ese lado...”

[Villano_ac]

 

 

  Varias semanas después, la organización de Leonardo tiene un rotundo repunte. Sus actividades, sus delitos, sus ingresos se incrementan. Su nombre empieza a sonar familiar en la ciudad. A partir de la muerte de las mascotas del vecino del intendente, la prensa comenzó a nombrarlos. Y la policía a seguirles el rastro.

 

  El jefe físicamente está casi recuperado, aunque se moviliza con muletas. Como de costumbre, reúne a sus colaboradores más allegados. Esta vez en su nueva casa de barrio Martin.

 

  Los hermanos Sandía son los primeros en llegar, con sus típicos atuendos charrúas y su infaltable rusticidad. Tras tocar el timbre, se asoma la madre del italiano.

 

  __¿Contraseña?

 

  __¿Puede salir Leo a jugar?

 

  __Ah… Estos mamertos. Pasen. Debe estar en el living. No se coman al perro.

 

  El living estaba vacío. Pero se escuchaban ruidos de la habitación de Leonardo. Como si varias personas estuvieran murmurando. Gerardo y Eduardo sacaron un salchichón de la heladera y se sentaron a esperar. Tras unos minutos, el italiano sale abriendo la puerta de par en par. No había nadie más que él en esa habitación. A los charrúas esto les parece un tanto extraño.

 

  __¿Con quién hablaba, jefe?

 

  __Eh… Estem… No, con nadie. Les habrá parecido. Estaba viendo El Zorro.

 

  __El Zorro es marica. Me chupó la pinga.

 

  Rafa, primo de Leonardo, era quien se sumaba a la conversación. Salía del baño semidesnudo y sin haber tirado la cadena.

 

  __Callate, estúpido. Y vestite que deben estar por llegar los demás.

 

  Los hermanos Sandía no dijeron más nada. Pero seguían intrigados. La respuesta de Leonardo era bastante sospechosa, puesto que él no tenía televisor en la habitación. De hecho, había uno solo en toda la casa, un plasma enorme, que ocupaba por completo una de las paredes del baño.

 

  Enseguida estuvieron presentes todos los secuaces del italiano. Tras los saludos y unos breves comentarios banales, pasaron a los temas importantes.

 

  __A ver, Mondongo, Julián y Willy… ¿Cómo va todo en el casino?

 

  __No paramos de trabajar. Cada vez va más gente. Seguimos agregando mesas. Volvimos a aumentar el precio de las fichas y las apuestas mínimas, como dijiste.

 

  __Excelente. ¿No hubo quejas?

 

  __Solo del mudo, Roberto Rodríguez.

 

  __¿Desde cuándo le dicen mudo?

 

  __Desde que se quejó.

 

  __Perfecto. Adrián y Ernesto, ¿salió sin problemas el cargamento de ayer?

 

  __Sí. Pero tuvimos que volver a cambiar el recorrido. Igual vamos a tener mayor ganancia esta vez. Además de los medicamentos que robamos del hospital, ahora también estamos traficando muñequitos de Julio Cobos.

 

  __Bien, bien. Manténganme al tanto. ¿Cómo van los remises y los carros?

 

  __Unimos las dos empresas. Ahora tenemos una flota de camionetas 4x4 deambulando por toda Zona Oeste y gran parte de Zona Sur. Usamos los mismos vehículos para transportar pasajeros, cartonear, correr picadas, robar mampostería y repartir los pedidos de la pizzería esa en la que hacen empanadas con tu cara.

 

  __Bueno. Que les pongan chimichurri. Quiero que controlen toda la Zona Sur y empiecen a actuar en el centro cuanto antes. ¿Qué tenés para mi, Alex?

 

  __El dinero de la protección de los locales de Avenida San Martín. Con los Sandía estuvimos investigando al concejal Ferreira y a la piba de la remera de Greenpeace. Acá te conseguimos la dirección de la chica. Tenemos gente buscando a Yan por todos lados, pero hasta ahora no hay noticias. Es como si esa tarde el agua lo hubiera hecho desaparecer.

 

  Leonardo se baboseó mirando el papel con la dirección de la hermosa rubia. Cuando levantó la vista contempló preocupado por un momento la puerta de su habitación. Hizo algunos gestos y señas extrañas. Los demás estaban confundidos, pues no había nadie más allí. Abruptamente, el italiano se dirigió hacia la habitación maldiciendo por lo bajo. Entró y cerró la puerta con fuerza, mientras sus compañeros lo observaban intrigados.

 

  De nuevo se volvieron a escuchar voces. Pero detrás de esa puerta no era Leo el único que estaba. Lo acompañaban cuatro seres espectrales, dos figuras masculinas y dos femeninas, semitransparentes, extremadamente pálidas, horripilantes. En fin, cuatro fantasmas, que soportaban apaciblemente las reprimendas del tano.

 

  __¿Cómo carajo es eso de que no pudieron robar el banco? ¡Son invisibles, idiotas! ¡Nada mas tenían que meterse en la bóveda y sacar todo lo que pudieran!

 

  __Mirá, nos habíamos olvidado de un pequeño detalle. Resulta que así como podemos atravesar paredes, no podemos agarrar objetos. No podemos tocar nada. Físicamente no estamos. Por eso no pudimos sacar ni los billetes, ni el oro, ni las joyas, ni los chocolatines deslactosados.

 

  __¿Posta? ¿Y los fantasmas que aparecen en la tele, que mueven cosas y te hacen cosquillas en los pies?

 

  __Esos deben ser fantasmas más pro. Recién en el nivel tres se pueden tocar cosas, pero solo con las manos. De nosotros Jenny es la única que está en ese nivel. Lástima que no tenga brazos.

 

  __¡Infelices! Entonces no me sirven para nada. ¡Váyanse de acá ya mismo! ¡Me están haciendo perder el tiempo!

 

  Los cuatro espectros desaparecen mientras hacen resonar agudos gritos de desesperación junto con un horrible rechinar de cadenas y dientes premolares ensangrentados.

 

  Mientras esperaban al jefe, los demás mafiosos habían montado un partido de rugby con el que inintencionadamente estaban destruyendo el living. Leonardo Codazzi salió de la habitación trajeado y perfumado, impecable. La expresión de su rostro era una mezcla entre seriedad y enojo.

 

  __Pueden irse. Se terminó la reunión.

 

  Ndungo se quedó sentado esperando a que los demás salieran. Cuando solo quedaron él y Leo, se le acercó, preocupado.

 

  __Me parece que nos estamos pasando un poco de la raya. Habría que bajar un cambio. Estamos rozando la inmoralidad. La policía nos pisa los talones. Ese juez Dredd no nos da respiro. Tenemos un depósito lleno de órdenes de allanamiento y citatorios firmados por él. Algunos de los muchachos cambiaron de identidad cinco o seis veces. Podríamos dejar algunos negocios para más adelante…

 

  __No. Más adelante puede ser demasiado tarde. No tengo ni un segundo que perder. Por eso ahora mismo voy a ir a buscar a la chica con la que estoy obsesionado desde el capítulo dos. Me voy a mandar a la casa nomás. Ya no me importa nada. No hay tiempo, Mondongo. No se lo digas a nadie, pero el fin del mundo está cerca.

 

  __¿El fin del mundo?

 

  Leonardo agarró su monopatín y salió apurado dejando a Ndungo tieso, lleno de preguntas, mucho más preocupado que antes.

 

  La piba de la remera de Greenpeace vivía en una bonita casa en Alberdi. Leo llegó hasta allí agitado y nervioso. Se arregló el pelo tímidamente y encaró hacia la entrada. Tocó varias veces el timbre, hasta darse cuenta de que no funcionaba. En parte porque cuando lo presionaba no se escuchaba ningún sonido, en parte por el cartel enorme que decía “El timbre no funciona”. Entonces se dispuso a golpear la puerta, la cual se abrió sola ante el primer toque. Leo se asomó intentando anunciarse.

 

  __Hola… ¿Hay alguien?

 

  Al no recibir respuesta, entró. Recorrió la casa. Estaba vacía. Casi no había muebles o algún otro tipo de objetos. Pero las paredes estaban manchadas de sangre y se sentía un horrible olor. “¿Será que los ángeles huelen a podredumbre?”, pensaba. En el comedor había una mesa, y sobre ella, una nota escrita en italiano, en tinta roja:

 

  “¡No vuelvas a intentar acercarte a ella, gil de goma!”

 

  Escuchó pasos. Dejó la nota y levantó la vista. Caminaba hacia él una horrible criatura azul, de ojos rojos, con un enorme cuerno en la frente. Terriblemente asustado, Leo salió como un rayo, destrozando la puerta de entrada, y luego corriendo como nunca por solitarias calles rosarinas que se le hacían interminables.

 

  Al llegar a una avenida se sintió un poco más seguro. Se detuvo y se inclinó un momento, jadeando. Una dulce voz femenina le ofrecía ayuda.

 

  __¿Estás bien, amigo?

 

  El italiano se puso de pie para contemplar a su interlocutora. No era otra que Juliana. O, mejor dicho, Julián vestido de mujer. Leonardo, muy asqueado una vez más, conteniendo el vómito, le asestó una trompada que dejó al travestido tendido en la acera, inconsciente.

 

  Sentados en la cornisa de un edificio cercano, los fantasmas contemplaban todo lo que sucedía y conversaban entre ellos.

 

  __Este tipo está batiendo cualquiera. No tendríamos que haberle dicho lo del fin del mundo.

 

  __¿Cuál es el problema? Si no los dijo una visión, es la posta.

 

  __¿La posta? No digas boludeces. Esa visión está todo el día dada vuelta. Incluso la vi vendiendo merca en la nube treinta y siete.

 

 

Continuará…

 

 

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Publicado por nikopunk2003 @ 15:52
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viernes, 25 de enero de 2008

Capítulo VI



“De repente el lugar se inunda y uno de los presentes sufre una terrible metamorfosis.”
[Pvncho]

“…que alguno diga ‘¿A qué estamos jugando?’...Que ninguno entre en alguna ensoñación, y que se mencionen a las (estúpidas) pandillas que manchan las paredes de esta ya sucia ciudad...”
[Villano_ac]



__¿Gran golpe? ¡Secuestraron a un par de perros! ¡Esto es una estupidez!

__No son dos perros cualquiera, son las mascotas del intendente, le vamos a sacar buena guita con esto.

__¡Manga de salames, el intendente es alérgico a los perros! Andá a saber de quién son estos dos bichos feos.

__Silencio. ¿No olien ese luido?

El coreano está por demás de preocupado. Los otros dos, distraídos por la conversación, no notaban el terrible sonido del amenazador resquebrajamiento y el ladrar incesante de los animales. Las paredes se estaban agrietando. Comenzaba a filtrarse agua.

__Lapido, hay q salil de aquí ulgente.

__Tranquilo chino, es un caño roto nada más.

Hermenegildo intentaba calmar la situación, aunque Alex tampoco se conformaba con esa sencilla explicación.

__Pero si se están resquebrajando todas las paredes. ¡Y el techo! Ya me cayeron varias gotas. Y de esa rejilla salieron como cincuenta babosas. Es más, algunas se están comiendo al chihuahua. ¿No te diste cuenta que dejó de ladrar?

__Si, pero pensé que se había tranquilizado cuando lo empecé a acariciar.

__No estás acariciando al perro, estás manoseando mis genitales. Si no me soltás ya mismo te reviento la cara a trompadas.

__¡Aaaaaaalllghhhhh!!!

El desgarrador grito del oriental sorprendió a ambos. Estaba de rodillas, con las manos en el suelo, perdidas entre el mar de babosas, sus ojos rojos como de fuego reclamaban piedad. Era una expresión de dolor como nunca antes hubieran visto.

__¿Qué pasa Yan? ¿Te están atacando las babosas?

__No sel eso. Me calió una gota de agua. El manual de instluciones decía que no debía mojalme pol nada del mundo. ¡Mieldaaaaaaaaaaaaa!!!!!

La última expresión de terror del coreano, con los ojos enormes como dos toronjas podridas, se debía a que una de las paredes ya había cedido. El agua entraba a borbotones. El lugar se estaba inundando. Los tres trataron de escapar como pudieron, corriendo por sus vidas.

Les cuesta llegar hasta la puerta de metal, con el agua ya hasta la cintura, amenazándolos permanentemente desde cada rincón. A duras penas Axel y Hermenegildo logran abrirla mientras Yan desata al chow chow no sin recibir antes varios mordiscos, tanto de parte del perro como de las babosas.

Corren apresurados por el oscuro pasillo. Trasponen la puerta de madera derribándola de un cabezazo asestado certeramente por el remisero. Logran salir de la casa y se dejan caer en el pasillo que da a la calle. Pasan unos minutos hasta que cesan de jadear. Finalmente logran serenarse, pero obviamente no librarse de la sorpresa causada por lo sucedido. Alex debe esforzarse para hablar.

__¿Por qué tu mano todavía está en mi entrepierna?

__Disculpame, es que estoy un poco tenso.

__Si, pero seguís sin dejar de tocarme. Si hubieras tenido las dos manos libres por ahí abríamos más rápido la puerta de metal.

__Estamos bien. Llegamos hasta acá. Parece que el agua no salió más allá de la casa. Eso es lo importante, ¿o no?

__¿Y Yan?

__¿No lo tenías en el bolsillo?

__A ver… dos monedas de cincuenta centavos… el medio boleto… un chicle masticado, una lata de garbanzos… No, acá no está.

__¡Aaah! ¿Qué mierda es eso? ¡Aaaaaah!

Con su doloroso grito de asombro, el remisero Hermenegildo no se refería a nada de lo que hubiera dentro de los bolsillos de Alex, sino a una extraña figura que acababa de salir por la misma puerta que ellos y caminaba a su encuentro. Tenía la apariencia de un pequeño hombre con las ropas desgarradas, que caminaba con dificultad apoyándose en la pared para no caerse. Pero su piel tenía un furioso tinte azul marino. Y sus enormes ojos rojos solo eran el preámbulo del extraño cuerno en medio de la frente con forma de clavijero.

El horripilante ser no paraba de chorrear agua. Se les acercaba lentamente con una actitud bastante pasiva. Pero aún así los dos hombres se aterraron y corrieron hacia la salida. Sin siquiera intentar abrir la puerta, saltaron por encima de ella enredándose en los alambres de púas. Una vez que cayeron del otro lado, huyeron despavoridos arrastrándose por el medio de la calle.

En el solitario pasillo, la criatura reclamaba atención.

__Muchachos no se valian. Soy io, Yan. Ignolen el colol de mis ojos, es un delame nomás. ¡Vuelvan ey!

Entretanto, en la habitación del hospital, Leonardo juega a las cartas y conversa tranquilamente con Ndungo y Willy. Todos están acomodados alrededor de la cama, la cual utilizan como mesa. El italiano está sentado en una silla de ruedas. Tiene una venda en la cabeza y un yeso que cubre casi toda su pierna izquierda. Su apariencia es bastante mejor que la de días atrás. Willy trae noticias.

__¿Se enteraron lo de las pintadas?

__No. ¿Cuáles pintadas?

__Las de mi… con tu… No era así el chiste. Bueno. Resulta que los de la Muni están como locos con el tema de las pandillas de pendejitos boludos onda “Los nenitos de mamá”, “La falavella”, “B.C.G.”, “E.A.P.P.”… que andan haciendo graffitis por todos lados ensuciando la ciudad que ya bastante sucia estaba. Entonces en el Concejo Deliberante estaban evaluando armar algún proyecto para tratar de hacer que aflojen. Y el concejal Ferreira presentó una propuesta que consistía en organizar un campeonato interbarrial de pintadas.

__Chan. ¿Un campeonato de graffitis para que dejen de hacer graffitis?

__Sí. Bastante bastante pelotudo.

__Ese tipo es un imbécil. No puedo creer que una mujer tan hermosa ande con él.

__Te equivocás. Los estuve vigilando, como me pediste, con la ayuda de Ndungo y algunos de los demás. Se pelearon hace un par de días. Parece bastante grave. No creo que vuelvan.

Los ojos de Leo se iluminaron como dos gaviotas alcanzadas por un rayo a medianoche. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Ndungo pensó que era una seña para él y se apresuró a cantar.

__¡Truco!

__Pará. ¿A qué estamos jugando? ¡Yo tengo escalera real!

Tras escuchar esto, Leonardo enjugó sus alegres lágrimas y observó las cartas que tenía entre las manos.

__¿No estábamos jugando Magic? ¡Si estoy a punto de deckear! Esperen… ¿Por qué este personaje tiene mi cara?

Efectivamente, una de las cartas tenía una foto de Leonardo. Y también el mensaje, en italiano: “Sabemos adonde te escondés ‘Codazo’. Sos hombre muerto. Rosario siempre estuvo cerca”.

__Maldición. Me encontraron. Hay que ponerse a trabajar. Vos, ocupate de reubicar a mi familia en un lugar seguro. Ustedes dos, córtenle un dedo al chihuahua y mándenselo al intendente. Vos, rápido, cancelá la salida del cargamento. Ustedes tres ocúpense del casino, tiene que estar funcionando este fin de semana. Vamos a demostrarles que no pueden con los Codazzi, y que estamos armando algo muy grosso acá. Vayámonos, no podemos quedarnos en este hospital, es un lugar peligroso.

Los africanos, observaron a su alrededor como buscando alguien más en el lugar, a los posibles interlocutores del italiano. Luego se miraron entre sí, sorprendidos, no comprendían la situación. Y vieron como Leonardo escapaba apuradísimo sin esperarlos.


Continuará…


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Publicado por nikopunk2003 @ 23:59
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martes, 20 de noviembre de 2007

Capítulo V


“Algún actor de ignota relevancia (un ex-nudista enojado por una deuda, o por una tocada de culo de Ndungo, según) y una toma de rehenes... (si es que todavía no ha pasado, quien sabe).”
[Villano_ac]

“…sólo quiero que aparezca un personaje que diga ‘me tengo que poner al día’. Y otro ‘tengo que bajar esta barriga’.”
[Pvncho]



Al día siguiente, cuando el sol todavía brillaba en la tarde rosarina, Willy descansaba en la Rambla Catalunya, sentado en una reposera con dibujos de Digimon, mirando hacia el río. Comía galletitas glaseadas y pensaba en voz alta.

__Tengo que bajar esta barriga.

Perdido entre sus divagaciones, no reacciona cuando Ndungo emerge de entre las aguas tras haber cruzado el Paraná a nado, sino recién cuando se le acerca corriendo muy agitado.

__¡Ndungo! ¡Qué casualidad! ¿Cómo andás? ¿Qué tal ese cólico renal?

__Ayudame… me están… persiguiendo…

__¿Quién? ¿El Cuco?

__¡No! ¡Él!!!

A escasos metros de los africanos, un hombre rubio, alto, de alrededor de treinta años, baja de una lancha aún en movimiento y se les acerca empuñando un rifle.

__Salvame Willy, este yanqui me quiere matar, dice que le toqué el culo en la playa nudista de acá enfrente.

__¿Fuiste a la inauguración de la playa nudista de la isla y no me invitaste?

__Perdoname. Eso lo podemos discutir después. Ahora hagamos algo antes de que empiece a disparar. Lo único que hice fue preguntarle “¿por qué usas minifalda en una playa nudista?”. Dijo que es un ex-nudista, que todos los que van a esos lugares son unos pervertidos. Después empezó a insultarme y amenazarme en espanglish.

El hombre de la minifalda se les había acercado bastante. Los miraba de reojo mientras se aprestaba a abrir fuego.

__Digan bye al mundo que los crió, motherfuckers.

__A mi me crió tu vieja, inglesito cara de nada.

La mirada encolerizada de Willy intimidó al rubio extranjero. En los alrededores, la gente gritaba y corría tratando de alejarse de esta extraña situación.

__Ustedes dos estáis locos, ¿cómo se atreven a hablarme así? Yo soy una star. Soy un famous actor. ¿No me reconocen?

__No, la verdad que no.

__Look at these fucking guys! ¡Ignorantes! Esperad aquí.

El hombre trota hasta la lancha y luego regresa con una computadora portátil en la mano. Les muestra un video, una escena de Star Wars Episodio 3.

__¿Ven? Ahí estoy yo.

Se refiere a un wookie, un extraterrestre peludo que aparece hurgándose la nariz en tercer plano mientras hablan dos de los protagonistas. El rubio cierra la notebook. Arroja el rifle al piso.

__Don’t worry. Olvidemos todo esto. Pero denme la money que me deben.

__¿Lo qué?

__No os hagáis los stupids. Vine desde Wisconsin para cobrarme el dinero que me quedaron debiendo la semana pasada luego del partido de críquet en la casa de James.

Los africanos se miran. No comprenden lo que les está diciendo este extraño al que nunca antes habían visto. El "actor”, irritado, se inclina para recoger el arma. Willy cae en la cuenta de que debe hacer algo para detenerlo.

__¡Mirá, te está llamando Darth Vader!

Cuando el extraño se da vuelta, cinco policías que habían sido alertados por los transeúntes se abalanzan sobre él propinándole fuertes cachiporrazos. Ndungo y Willy aprovechan para huir mientras todavía escuchan maldiciones y amenazas en un extraño inglés castellanizado.

__¡Soltadme! ¡I’m una persona respetable! ¡I’m el primo de Mahatma Gandhi!!! ¡Ya los agarraré a ustedes dos, malditos niggers!

Llegada la medianoche, los últimos en acudir a la reunión son los dos africanos, debido a que al salir de la playa fueron a un ciber a buscar la información sobre Ferreira y se quedaron cinco horas jugando Tetris en red. Las personas que ellos habían citado ya se encontraban allí, al igual que los que habían llamado los demás. En la pequeña y oscura habitación se agrupaban casi apretujados una decena de hombres que tenían más apariencia de recién salidos de una clínica psiquiátrica que del Penal de Caseros. Había un guardia de seguridad, un enfermero, dos gordos pelados al parecer mellizos, un oriental dientudo, un barbudo que vestía un traje barato y hablaba constantemente por celular, un gordo petiso que no dejaba de hurgarse la nariz, un bigotudo con una remera de Amaro Lucano; y por supuesto también Julián, Alex y Leonardo.

El jefe se dispuso a presentar a los nuevos integrantes de la naciente organización.

__Los felicito gente, han formado un interesante grupo. Adrián y Ernesto son el guardia y el enfermero que están de turno en el hospital, ellos permitieron que pudiéramos hacer esta junta. Gerardo y Eduardo son los hermanos Sandía, barrabravas de Central Córdoba, amigos de Alex. Yan Zen Yeng es coreano, dueño de una cadena de supermercados. Osvaldo, empresario cartonero, controla todos los carros que trabajan en el Distrito Oeste. Hermenegildo tiene una remisería trucha. Y el bigotudo… es Rafa, el boludo de mi primo. Ya van a tener tiempo de conocerse bien todos. Ahora pasemos a lo importante, nuestro primer golpe, un secuestro.

La última palabra pronunciada quedó resonando en la cabeza de Alex, que salió apurado de la habitación sin dar explicaciones y se apresuró a salir del edificio mientras realizaba una llamada con su moderno teléfono celular a pila.

__Che, me re colgué. ¿Te fijaste que Axl siguiera vivo? ¿Llamaste para pedir el rescate? Okay, estoy yendo para allá.

Dos días después. Cerca de las tres de la tarde. Alex camina por las solitarias callejuelas de Barrio Acindar en busca del lugar que le habían indicado. Mientras trata de descubrir la dirección exacta, una puerta se abre y de ella emergen los hermanos Sandía.

__¡Alex! ¿Cómo va loco? ¿Por qué desapareciste el otro día? ¿En qué andás?

__Todo bien muchachos. Tuve unos problemas. Pero todo tranca ahora. Me tengo que poner al día. Me tengo que poner al día nomás.

__Pasá entonces, los demás te están esperando. Nosotros ya nos vamos. Suerte.

Luego de saludar afectuosamente a sus obesos amigos traspasa la puerta y se adentra en un largo pasillo sin techar. Camina lento y tranquilo, mirando hacia todos lados. Se detiene en la penúltima puerta a su derecha. Golpea tres veces seguidas con la palma de la mano. Y una con la del pie. Pasan apenas quince segundos hasta que se escucha una voz muy fina, forzada.

__Contraseña.

__Cirujano estírela.

Luego de la respuesta de Alex la puerta se abre lentamente de par en par. Quien lo recibe es Yan. Le hace una seña con la mano para que espere. Se lleva el dedo índice a la boca para indicarle que guarde silencio. Después de chuparse dicho dedo por unos quince o veinte minutos, lo hace pasar y seguirlo. La casa es chica, poco higiénica y de escasas terminaciones. Entran en el baño. De la Rosa comienza a sospechar acerca de las intenciones del coreano. Detrás de la cortina se encuentran con una puerta de madera, y al trasponerla, con otro pasillo. Éste, a diferencia del anterior, es oscuro, húmedo y mohoso. Recorren alrededor de treinta metros hasta toparse con una gran puerta de metal. El oriental debe valerse de dos llaves y de la ayuda de su compañero para poder abrirla.

Ingresan en una pequeñísima y sofocante habitación. Dos sillas y una puerta es todo lo que hay allí. Se percibe una voz grave y autoritaria proveniente de atrás de la puerta. Los hombres se sientan a escuchar y esperar que termine su discurso.

__Ustedes están secuestrados. Son nuestros rehenes. ¿Entienden? Vamos a pedir un jugoso rescate. Y si no conseguimos lo que queremos, de acá salen en un cajón. Mas vale que no intenten escapar ni nada raro porque también los boleteamos.

La puerta se abre. Hermenegildo era quien hablaba. Los hace pasar a la oscura habitación. Adentro sólo hay una cama, en la que están atados, amordazados, y con los ojos vendados, un chihuahua y un chow chow.

Alex se sorprende enormemente, puesto que desconocía todo lo relativo a la operación.

__¿Qué joraca es esto?

__¿No estabas al tanto? Nuestro primer gran golpe. Secuestramos a las mascotas del intendente.


Continuará…





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lunes, 24 de septiembre de 2007

Capítulo IV


“Leo decide poner en marcha su organización, para lo cual contará con la ayuda (además de Ndungo) de un intimo de Julián: ¡Axl Rose!
...a quien conoce luego de una trifulca con un patova de El Sótano...”
[gunner_83]


Leonardo estaba paralizado por el susto. Inmóvil y orinado seguía de pie frente a la Traffic de vidrios polarizados que instantes atrás casi lo atropellaba. El miedo hizo que se tragara lo que estaba a punto de lanzar. El conductor, cansado de tocar bocina y gritar sin obtener respuesta, se asomó por la ventanilla con una pistola en la mano.

__¿Sos sordo, forro? ¡Si no te corrés ya mismo te cago a tiros!

Leo pudo ver entonces el rostro de quien lo estaba injuriando. Se sorprendió al reconocerlo casi con seguridad.

__¿Axl Rose?

El hombre del vehículo realmente era Axl Rose, o por lo menos eso hubiera dicho cualquiera que conociera al cantante de Guns N’ Roses y viera a este obeso y demacrado sujeto. Al escuchar ese nombre, el individuo reaccionó con brusquedad, entre asustado y sorprendido. Volvió a meterse por completo dentro de la camioneta y arrancó embistiendo al italiano. Una frenada repentina hizo que Leonardo fuera impulsado varios metros sobre el asfalto, donde quedó tendido y ensangrentado. El conductor volvió a ponerse en marcha aprestándose a la fuga cuando escuchó los gritos desesperados de Julián.

__¡Pará Alex! ¡Pará!!!

En tanto, Ndungo se acercaba presuroso para auxiliar al herido que se esforzaba en exteriorizar algunas palabras antes de perder el conocimiento.

__Me cago en el escritor. ¿En todos los capítulos tiene que haber alguien inconsciente? Conmigo ya van dos veces. Más vale que no vuelva a tener alucinaciones porque lo surto. Por lo menos ya se que no me voy a morir porque soy el protagonista. Mondo... Mondongo... Decile a mi vieja que no se preocupe, que en el cielo, una lamparita, mi lápiz labial... tengo frío.

Y finalmente se desvanece, mientras el africano le masajea las rodillas.

Días mas tarde, Ndungo y Willy van camino al hospital después de una tarde de arduo trabajo en el gimnasio. Comentan acerca del progreso de ambos, de sus músculos, de su fuerza, de las empresas que llevaron a cabo para demostrarlo. Desfiguraron a golpes a un grupo de Neonazis, derribaron un poste de luz golpeándolo con la cabeza, abrieron una lata de gaseosa usando solamente las manos, ayudaron a una anciana a cruzar la calle, le robaron la gorra a un policía, orinaron en el río. Caminan orgullosos y ansiosos para contarle a su jefe acerca de sus hazañas.

Al llegar a la habitación en la que Leonardo está internado en recuperación, lo encuentran solitario y silencioso. Parece estar perdido en sus pensamientos. Tiene los ojos llenos de lágrimas. Lo saludan pero él no responde. Pasan varios minutos tensos e interminables. Repetidas veces intentan quebrantar el incómodo silencio pero el herido permanece imperturbable. La incomodidad hace transpirar a Willy, que se echa encima el agua de un florero evitando que la deshidratación lo haga colapsar.

Leonardo suelta una carcajada ante tan gracioso espectáculo. Los otros dos, contagiados, se dejan vencer por la risa y se arrojan al suelo cediendo a la algarabía. Tras revolcarse un buen rato contando chistes de gallegos llamados Evaristo o Evaristito, caen en la cuenta de que el hombre que está acostado volvió a su anterior expresión, silencioso, serio, inmutable. Lanza un escupitajo al piso. Se mira la ingle. Finalmente comienza a hablar.

__¡Silencio infelices! No digan nada. Escuchen lo que les digo y váyanse. Hay que empezar a trabajar. A partir de ahora van a cumplir todas mis órdenes al pie de la letra. Esta mañana vino a visitarme mi madre con malas noticias. El dinero que nos queda es muy poco. Es fundamental que nuestra organización se ponga en marcha antes de que sea demasiado tarde, antes de que ya no alcance la plata para los sorrentinos y tengamos que comer suelas de zapatos.

__Mmm… suelas de zapatos…

Leonardo dirige una mirada encolerizada a Ndungo, autor de tan inoportunamente estúpido comentario. Vuelve a escupir. Esta vez apuntando a la cara del negro, a la que le erra por poco.

__Si bien estoy fuera de peligro los doctores todavía no pudieron asegurar si voy a necesitar cirugía, así como tampoco cuanto tiempo mas tendré que estar internado. De modo que desde aquí manejaré mis futuros negocios. No tengo mucho para hacer estando acá postrado, así que salvo cuando me instruyo culturalmente viendo Gran Hermano, el resto del tiempo estoy bocetando algunos proyectos. Se van a enterar de todo mañana mismo, a la medianoche. Haremos una reunión acá. Ya lo arreglé con uno de los enfermeros, billete mediante. Necesito que convoquen toda la gente posible. Todos los que consigan con contactos o habilidades útiles para la Mafffia. Y tráiganme la información sobre el concejal Ferreira antes de que me ponga violento. Si puede ser también un familiar de milanesa, con mucho dulce de leche. Vayan.

Intimidados, sin atreverse a hacer ninguna acotación, Ndungo y Willy se retiran en silencio. Apenas cruzan la puerta, hablan preocupados en voz baja.

__Esto es muy raro. Nunca lo había escuchado hablar así, tan serio y decidido.

__Yo si. Solo una vez.

__¿De qué estás hablando Willy?

Nuevamente comienzan a reírse desaforadamente revolcándose en el suelo. Con más énfasis cuando pasa por el mismo pasillo un hombre negro de escasa estatura. Indignado ante la situación, el hombre los muele a golpes.

En el cuarto, Leo saca de debajo de la cama un diario del día anterior. En la portada, un típico titular acerca de las protestas en Gualeguaychú en contra de las papeleras, con una foto en la que aparece en primer plano la chica de la remera de Greenpeace cargando una bandera argentina que en vez del sol tiene la cara de Rolando Hanglin.

Comienza a oscurecer. El tano sigue con el diario entre las manos. Acaricia la imagen, como queriendo tocar a la bella mujer. De repente, se sobresalta al escuchar pasos cerca de la puerta, y la perilla moviéndose. Bruscamente, en un intento por ocultar el periódico, lo arroja por la ventana.

__¡Nooooooooo!!!

Se percata de lo que ha hecho. Y el grito desgarrador retumba en todo el hospital.
Quién lo observa de pie junto a la puerta es Julián, que se apresta a brindarle ayuda.

__No te preocupes, yo lo busco.

De inmediato sale corriendo. Antes de que Leonardo pudiera reaccionar. Antes de que se le volviera a venir a la mente la imagen de Julián vestido de mujer aquella soleada mañana en que los mafiosos arribaran a Rosario. Otra vez, totalmente asqueado, se dispone a vomitar. Una persona totalmente inesperada hace ingreso a la habitación. El temor hace que Leonardo vuelva a tragar lo que se disponía a escupir.

__¡No! ¿Otra vez vos? ¡No de nuevo!

Ese intento por hablar mientras se tragaba su propio vómito hace que el italiano se ahogue y pierda el conocimiento. Para sus adentros piensa “¿Otra vez más? ¿Flaco, te sacaste un cero en creatividad?”

__¿Qué fue lo que te dijo?

__”No de nuevo”, decía. Hacé algo, hay que ayudarlo.

En medio de la oscuridad, escucha esas voces como a la distancia. Sintió unos dulces labios sobre los suyos. Pensó en la hermosa rubia de la remera de Greenpeace. No se atrevía a abrir los ojos, porque sabía que todo aquello que imaginaba no era cierto. Finalmente se vio obligado a hacerlo, cuando sintió que lo golpeaban repetidas veces en el pecho.

Descubrió que seguía en el piso de la habitación, ante la mirada preocupada del conductor que lo atropellara con la Traffic, el mismo que había ingresado momentos atrás ocasionando su descompensación. Se horrorizó al darse cuenta de que los labios que sentía eran los de Julián que trataba de revivirlo practicándole R. C. P.

__La puta madre. ¡Me quiero morir!!!!!

Dicho esto, se dispuso a arrojarse por la ventana. Los otros dos lo detuvieron y lo hicieron recostarse en la cama. Julián intentó aclarar el panorama.

__Tranquilo, amigo, voy a explicarte. Axl es amigo mío. Se está escondiendo acá con el nombre de Alex de la Rosa. Yo lo conocí un día en que fui a El Sótano a ver un recital de bandas judías que hacían covers de punk gay californiano. Tocaban mis amigos de Simjat Plan, también Rabino For Soup, Torá 182 y Good Shabat. Resulta que cuando fui al baño justo había un chabón homosexual. Me relojeó el de abajo y, como no estoy circuncidado se dio cuenta que no soy de la comunidad. Se armó un bardo tremendo. Un patovica me sacó afuera y me empezó a pegar. Justo pasaba Alex. Él me ayudó. Entre los dos le dimos una golpiza al patovica y los metimos en un container. De ahí en más nos hicimos buenos amigos. Él reaccionó con miedo cuando vos lo reconociste, por eso te atropelló sin pensar. Pero se dio cuenta de lo que había hecho, recapacitó, vino a pedirte perdón y ponerse a tus servicios para compensar su terrible accionar.

__No se, todo esto es muy raro. No me creo mucho eso de que este tipo es Axl Rose.
Habla como si viviera en Villa La Lata.

__Es cierto. Ahora que me acuerdo una vez lo sorprendí comprando el último disco de Néstor en Bloque.

__Eh, estem… Uy, me llama telepáticamente Kurt Cobain desde el mas allá. ¡Nos vemos guacho después me doy una vuelta!!!

Alex pronunció las últimas palabras ya fuera de la habitación. Leonardo no le presta demasiada atención. Aún queda una pregunta para el hombre que sigue en su habitación.

__Todavía queda un detalle por explicar. Respecto a que de día sos Julián, y de noche, Juliana.

Julián rehuye a la mirada acusadora de su interlocutor y se retira brincando rápidamente, cantando "¿Cómo estás Juliana? ¿Cómo estás hermosa nena? ¡Contame, decime, como estaaaaaaaaaaaaaaas!!!!!”


Continuara…





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domingo, 10 de junio de 2007

Capítulo III


“Me gustaría que se vayan unos días de camping.
Que Mondongo conozca a un chico-mujer (Dyvinos).
Que se hagan amigos de unos hippies y que los droguen hasta la nuca (con resultados sexuales).”
[Bubuu]


__ ¡Rápido! ¡Hagan algo! No se queden ahí parados. ¿No ven que al pibe se le prende fuego el pie?

Rodolfo Sabueso, el oficial a cargo, era el que seguía ladrando órdenes. Uno de los agentes se apresuró a tomar un balde de helado y arrojar el contenido sobre las llamas, que se apagaron al instante. Ndungo ni siquiera se inmutó. Seguía sumergido en su submundo de terror e impaciencia. Tratando de serenarse, de no desmayarse tal vez, alcanzó a tartamudear algunas palabras.

__Qui… qui… quie… quiero v… v… v… ver la ord… d…d… orden de allanamiento.

El oficial apartó por un momento su mirada penetrante del africano, para dirigirse a otro de los uniformados.

__Mostrásela.

El joven policía lo miró un poco confundido y luego comenzó a bajarse los pantalones. Rodolfo volvió a darse vuelta rápidamente cuando percibió el sonido de la bragueta del muchacho.

__No, ¡pelotudo!!! ¡Que le muestres la orden!

__Uy, disculpe jefe.

Se acomodó la vestimenta y sacó de un bolsillo del pantalón un papel doblado y arrugado, la orden de allanamiento. Lo desplegó y se lo ofreció a Ndungo. Éste seguía sin reaccionar. El agente lo puso frente a los ojos del africano de manera que éste pudiera leerlo.

__No, no se le… leer ca… cas… tellano. ¿Cu… cu… cuales son los ca… cargos? ¿Qui… qui… quien lo or… de… nó?

__Hace rato que estamos investigando a tu amigo por este asunto del narcotráfico. Antes andaba con el tema de la prostitución infantil. Ahora esto. Siempre va cambiando. Por eso es difícil agarrarlo. Pero ahora lo tenemos bien apretado de los huevos. Y a ustedes tampoco les va a ir muy bien que digamos. El Juez Dredd es el que lo ordenó, él lleva adelante el caso. El cabo Reyes pasó el dato de que lo estaban haciendo acá. Parece que lo vio en un fotolog o algo así. Bueno, basta de charla, a ver muchachos entren ahí, despejen el área.

Antes de que Rodolfo Sabueso terminara de hablar, Ndungo ya se había orinado encima.

Mientras dos policías seguían apuntando a Leo y Willy, los demás abrieron la puerta de par en par y se quedaron atónitos contemplando lo que había detrás de ella.

Había tras la enigmática puerta un enorme y verde jardín bien cuidado, con grandes y florecidos árboles, una piscina de dudosa higiene en la que se bañaban extraños seres de pelos largos y barbas prominentes, mientras otros tantos deambulaban de aquí para allá o se juntaban para tomar mate o comer verdurita. Decenas de personas semidesnudas o con vestiduras llenas de motivos florales disfrutaban del lugar. En un gran cartel se podía leer: “F.A.L.O.P.A., Flower Aletic Licensiated Organization Power Argentina, Camping Hippie totalmente habilitado”.

El oficial Sabueso maldijo repetidas veces. Luego trató de contenerse y le pidió los papeles de habilitación a Willy. Éste, después de subirse los pantalones claro está, se los entregó con una sonrisa socarrona. Habiendo verificado que todo estuviera en orden, los policías se retiraron cabizbajos, todavía insultando y escupiendo algunos baldes de helado antes de salir.

Ndungo observaba el lugar atónito, consumido por la sorpresa, más confundido que antes. En tanto, Leo ya se había despojado de su ropa y hacía sociales con un grupo de hippies. Se acercó el otro africano a disipar las dudas de su pasmado amigo.

__Quedate tranquilo Ndun, desmantelé el “tallercito” hace un par de días. Ya me veía venir que esto iba a pasar, así que lo trasladé a otro lugar. Igual vamos a tener que cambiar de negocio porque como te habrás dado cuenta esto de las drogas no da para más. Encima el último cargamento no llegó. ¿Te acordás de Pedro y Juan? Venían de Bolivia, traían marihuana, pero en el camino los paró la cana, y no volvieron nunca más. Ahora lo mejor va a ser que ustedes dos se queden unos días acá escondidos mientras yo hablo con algunos contactos políticos para ver si podemos hacer que los azules no los sigan persiguiendo.

A unos pocos metros, el italiano compartía un quinto porro con los hippies. Observaba con interés a sus dos compañeros sentado en el pasto. Su vista comenzó a hacerse borrosa cuando Willy dejó de hablar, palmeó a su compañero en la entrepierna y se retiró tranquilamente. Pasaron unos segundos hasta que Ndungo abandonara su posición casi de momia y caminara hacia Leo. En ese momento el italiano perdió por completo el conocimiento.

Abrió los ojos al instante. Ya no estaba en el camping hippie. Era un lugar también con mucha vegetación, muy hermoso, pero bastante más multicolor, más surrealista, parecido a un cuadro de Dalí, con elefantes de patas larguísimas y todo. El cielo era rojo, verde y blanco; formado por miles de banderas italianas ubicadas cuidadosamente una al lado de la otra. Una brillante luz lo encandilaba. Cuando se acercó a ella dejó de resplandecer y pudo contemplarla. Era la piba de la remera de Greenpeace. Estaba completamente desnuda. Y le pareció una decena de veces más bella de lo que recordaba. Ella, siempre sensual, con un gesto de su mano derecha lo incitó a acercarse, pero cuando él lo hizo dio media vuelta y se largó a correr. Leonardo corrió detrás de la chica. Por más que se esforzaba no lograba alcanzarla. El bosque surrealista de repente se terminó y el italiano se vio dentro de una oscura y fría ciudad. Ella lo guió por las tenebrosas calles hasta adentrarse en un callejón sin salida. Quedó frente a la pared, sin escapatoria, a merced de quien se acercaba victorioso y jadeante por detrás. El italiano, apresurado, hizo que la chica se diera vuelta. Pero cuando la tuvo frente a frente ya no era ella, sino que era Ernesto Ferreira, el concejal, vestido de traje igual que cuando lo viera en el parque caminando de la mano de la hermosa piba con la remera de Greenpeace. Con una sonrisa burlona dibujada en el rostro, el funcionario sacó un revolver del bolsillo interior del saco y le pegó un tiro en el estómago a Leo. Éste sintió la sangre brotando a borbotones. Sintió un terrible dolor. Luego sintió frío. Luego ya no sintió nada. Cayó tristemente en el pavimento mientras sus ojos se cerraban, y volvió a sentir dolor.

El dolor y el sol pegándole de frente hicieron que volviera a abrir los ojos. Se encontraba nuevamente en el camping, acostado sobre el césped, rodeado de hombres y mujeres desnudos que dormitaban plácidamente abrazados unos con otros. Seguía sintiendo dolor en todo el cuerpo, pero fundamentalmente en las partes íntimas. Cerca de él estaba Ndungo, bien vestido, sentado en un banquito, mirando ansioso el reloj pulsera que llevaba puesto. Leonardo le habló con dificultad sintiéndose un poco disfónico.

__¿Qué hora es?

__Dos y media.

__¿Pasamos la noche acá?

__Hace una semana que estamos acá. Por allá hay un cartel con un calendario, Willy lo puso porque la gente que viene acá se pierde en sus “viajes místicos” y, tal como te pasó a vos, cuando despierta no sabe que día es, ni donde vive, ni por qué no existen los sándwiches de salmuera. Por cierto, ya arregló todo así que podemos salir tranquilos. Vestite que ahora pasa a buscarme mi amigo Julián con el auto y si querés te podemos alcanzar hasta casa.

__¿A dónde van ustedes?

__A hacer unas compras. Salía del laburo y venía para acá. Trabaja en "De 12 a 14" así que debe estar por llegar. Metele pata.

Los muchachos esperaron unos minutos afuera del local vacío en el que hasta hace algunos días había funcionado la heladería. Julián se hizo presente en su BMW tuneado escuchando Dyvinos a un volumen muy pero muy fuerte. Leonardo no lo conocía, pero apenas se encontraron supo que ya había visto ese rostro alguna vez, aunque no podía recordar donde ni cuando.

Después de un rato arriba del auto faltaba poco para llegar a destino. Julián y Ndungo dialogaban animadamente acerca de música y fútbol. Leo, en el asiento trasero, miraba por la ventanilla abstraído en profundos pensamientos. Fue recién cuando pararon en un semáforo cerca de la plaza Libertad que recordó la ocasión en que había visto el rostro del amigo del africano. Era el travesti con el que se habían cruzado en aquella ocasión en que comían carlitos en la peatonal Córdoba.

De repente le dieron unas terribles ganas de vomitar. Se bajó del auto para hacerlo. El semáforo ya estaba en verde. Una Traffic que se acercaba a gran velocidad tuvo que frenar de repente y por poco no se lo lleva por delante. El vehículo se detuvo a escasos centímetros del rostro del italiano. El conductor maldijo por lo bajo y luego comenzó a gritarle.

__¡Correte pelotudo que ya empieza el partido de Central Córdoba y estamos llegando tarde!!!


Continuara…





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domingo, 28 de enero de 2007

Capítulo II



“Propondría, para más adelante, y como detalles secundarios, pero desopilantes:
-Un pico de stress por parte del protagonista
-Un triángulo amoroso con una activista
-La intromisión de las fuerzas de la CIA”
[Villano_AC]



Pasaron varios meses de tranquilidad. La familia asentada en una vieja casona del barrio República de la Sexta, y Leonardo y Ndungo trabajando en la heladería de Zona Norte.

Una tarde muy soleada, una típica jornada en la que Leo se espantaba las moscas detrás del mostrador del negocio, sucedió algo inesperado. De repente entraron al local cuatro obesos (muy obesos) vestidos con botas negras, pantalones, remeras y gorras azules portando vistosas escopetas. Uno le mostró brevemente una placa al grito de:

__ ¡Quedate quieto! Somos de la C.I.A. Vamos a incautar toda la mercadería.

Leonardo se quedó perplejo, algo tembloroso, sin atinar a hacer nada, observando como los gordos, con dificultad pero rápidamente juntaban los baldes de helado y salían corriendo del local.

Cuando llegó Ndungo lo encontró todavía inmóvil, con la vista perdida en la nada. Le preguntó qué pasaba, pero el italiano no respondió. Se acercó y lo tocó. Leo se balanceó levemente y luego cayó al suelo. La sangre y el dolor parecieron traerlo de nuevo a la realidad. Se incorporó y relató todo a su compañero, quien sentía una mezcla de sensaciones que distaban más del asombro que de la repulsión y la vergüenza ajena.

__ Créeme Mondongo, eran de la C.I.A. esos tipos. Mirá, se olvidaron una de sus placas.

El africano contempló por unos minutos el pedazo de plástico que decía “Power Rangers Space Police Department”. Luego, casi sin pensarlo, metió la cabeza de lleno en uno de los pocos baldes de helado que quedaban. Leonardo no le prestó atención.

__ Esto fue una experiencia muy drástica para mí. Estoy muy estresado. Necesito tomar aire… Dar una vuelta por ahí… Tomar un poco de agua de la zanja… Tirarles piedras a las palomas… Te dejo a cargo. Nos vemos.

Salió lentamente cerrando la puerta con llave.

Varias horas mas tarde estaba totalmente tranquilo. Caminaba por la costa con el otro africano, al que solía llamar Willy. Esto se debía en parte a los intentos de pasar desapercibido luego del altercado con la ley, entre ellos cambiarse el color de pelo de negro a verde, usar lentes y hacerse un tatuaje que decía “No me busca la policía”. Por otro lado, su nombre verdadero era muy difícil de pronunciar. Algo así como Zhundigirlopperfiero. Comían copos de nieve y charlaban animadamente mientras caminaban por el parque de la bandera.

Fue ahí cuando la vio. Una piba con la remera de Greenpeace. Estaba apoyada en la baranda que impide que los pelotudos como Leonardo se caigan al río mientras caminan mirando el piso. Tendría unos 19 años, supuso él. La contempló como hipnotizado por su belleza, sus dorados cabellos lacios, su escultural figura, sus ojos mas azules que el cielo. Lo supo al instante. Se había enamorado a primera vista. “Un estúpido amor a primera vista, como en las malditas telenovelas”, pensó. No dejaba de fastidiarse, porque sabía que era cierto.

De repente ese aire de amor y estupidez que lo había dejado inmóvil al igual que el terror de horas atrás se esfumó con violencia cuando vio que un hombre de unos cuarenta años, vestido de traje y corbata, salió de atrás de un árbol en el que había descargado su vejiga, se acercó a la chica, la besó en los labios, la tomó de la mano y comenzó a caminar junto a ella mientas sonreían alegremente.

Fue Willy esta vez el que lo trajo de nuevo a la realidad.

__ No te conviene meterte con él. Ernesto Ferreira. Creo que es concejal o algo así. Un tipo muy poderoso.

__ Averiguame todo lo que puedas sobre él.

__ ¿Pero como querés que lo haga yo solo? Necesitamos gente para hacer un seguimiento y averiguaciones. Que yo sepa tu organización todavía es ficticia. Después de tres meses ni siquiera contactos tenés.

__ Buscá en Internet, ahí hay de todo.

El tono de voz de Leonardo había adquirido autoridad. Por primera vez desde su llegada a Rosario estaba realmente serio.

__ Volvamos a la heladería antes de que Mondongo se muera congelado.
Encontraron a Ndungo sentado contra la pared, dormido. Se despertó cuando ellos entraron. Les lanzó una mirada acusadora que puso muy incómodo al italiano. Los tres atinaron a empezar a hablar, pero fue entonces que los vidrios estallaron y las luces comenzaron a cercarlos. Una decena de uniformados los rodearon apuntándoles y obligándolos a ponerse contra la pared y bajarse los pantalones. Leo y Willy obedecieron al instante, pero Ndungo se quedó donde estaba y encendió un cigarrillo. Uno de los policías se le acercó, y le mostró su placa sin dejar de apuntarle.

__ Vas a tener que cooperar. Sino las cosas se van a poner feas. Estamos autorizados a matar a cualquiera que se resista al arresto. Somos de la…

__ Si. Ya se. De la C.I.A. Vienen a llevarse el resto del helado. Te voy a decir una cosa gordo cara de Power Ranger violado por una abeja. Yo no soy tan pelotudo como el italiano ese.

En un abrupto movimiento le golpeó la mano haciéndole arrojar la placa. El oficial lo miró con desprecio y cargó su escopeta.

__ La escopetita esa de plástico te la podes ir metiendo por atrás. ¡Andá a ver dibujitos puto racista!!!

El hombre de azul disparó contra el candado que mantenía cerrada la puerta del fondo, rompiéndolo en pedazos que estallaron contra el suelo con la furia de la desesperación. Desesperación que se había apoderado de los dos que estaban contra la pared, pero no del tercero en discordia. El oficial, desafiante, volvió a hablar.

__ Sabemos lo que esconden ahí atrás.

Ndungo se quedó perplejo. Sintió la desesperación; y la muerte misma pellizcando su espalda. Ni siquiera pareció notar que el cigarrillo se le caía de la boca y empezaba a quemar una de sus zapatillas.


Continuara…





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Publicado por nikopunk2003 @ 23:24
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miércoles, 30 de agosto de 2006

Capítulo I



“Esta bueno, a lo mejor se puede aprovechar y seguir explotando el personaje del negro africano, digo, todo mafioso necesita una mano derecha o matón, un ‘torpedo’ pesado, de la mafia” [igneusdragon]

“Luego de su arribo al país, la familia se afinca en la ciudad de Rosario más precisamente en la republica de la sexta.” [lucho]




Las dos de la tarde. Un día soleado y caluroso de esos extraños inviernos que están de moda últimamente. Luego de un muy fácil paso por los controles del aeropuerto de Fisherton, los Codazzi se separan para evitar las miradas sospechosas de la Guardia Urbana Municipal. Todos se reunirán nuevamente para cenar juntos en su nuevo hogar. Sentados en un bar de peatonal Córdoba, Leonardo y Ndungo (el negro africano que iba de polizón) observan admirados la belleza de las mujeres que pasan mientras devoran insaciables gran cantidad de carlitos amenizados con una cocucha efervescente.

__ Bueno Mondongo, ¿qué te parece la idea de ser mi mano derecha?

__ ¡Te parto en ocho mamita!

Definitivamente no lo había estado escuchando, y no era a él a quien le gritaba sino a alguien que pasaba. Leonardo comenzó a increparlo:

__ Negro salame dejá de gritarle a los trabas que pasan y prestame atención cuando te hablo.

__ No jodas, mirá si va a ser un traba…

Apenas terminó de pronunciar esas palabras el hombre con peluca rubia al cual le había gritado Ndungo dio media vuelta, se sacó los zapatos de taco aguja, se largó a correr hacia los inmigrantes y le asestó al negro una patada voladora al estilo de Liu Kang del videojuego Mortal Kombat.

Mientras levantaba a su compañero del piso, Leonardo mencionaba:

__ Vas a tener que entrenarte un poco si vas a ser mi matón, Mondongo.

__ Lo que pasa es que me agarró desprevenido. Ahora lo voy a agarrar a ese mugriento y va a saber por que me dicen “El último bondi a Finisterre”.

__ No te preocupes que ya se fue hace rato. Llevás media hora tirado en el piso. Un perro te orinó encima. Una minita escondió tres bolsas de marihuana en tu bolsillo y después de un rato las vino a buscar. Y hace unos cinco minutos pasó el sordomudo que pide en 27 de febrero y Mitre, te tiró un par de monedas y te dijo “Pibe, tomate un vino y olvidate”.

El negro se quedó ensimismado por un rato, observando como se le caían los mocos. Finalmente reaccionó:

__ No me llamo Mondongo. Me llamo Ndungo.

__ Si, si, lo que vos digas. Estaba pensando que me olvidé de decirte algo muy importante, el lugar en el que vamos a vivir, al menos por ahora.

__ ¿En Pichincha??? ¡De primera!!!! Minas, drogas, minas, tango, alcohol, minas, cabaret, minas, trolas, lavandina gratis… ¡Copadísimo!

__ Dejá de babearte y tranquilizate un poco. En ese barrio hay mucho lío permanentemente, no pasaríamos desapercibidos. Mi familia consiguió a buen precio una vieja casona en el barrio República de la Sexta, queda cerca de acá, unas cuantas cuadras hacia el sur. Igualmente si querés un día de estos te acompaño a buscar trabas en El Refugio, todo bien.

Ndungo se limitó a mirarlo desafiante. Interrumpieron su charla unos minutos para pagar la cuenta. Luego siguieron dialogando mientras caminaban por la peatonal.

Se acercaban a la intersección entre las dos peatonales que posee el centro de la ciudad, Córdoba y San Martín, cuando se escucharon varios gritos que apenas se oían en el tumulto característico de la zona. Entre el gentío que se agolpa frente a los negocios o fuma porro mientras camina hacia el río, un negro de cuerpo musculoso y gran porte corría en sentido contrario a los recién llegados escapando a cuatro policías que lo seguían varios metros atrás. Leonardo y Ndungo estaban distraídos arrojando monedas por las hendijas que posee el piso de la peatonal en el centro de la misma, por lo que no se percataron de lo que sucedía. Entonces el negro, que venía corriendo por el medio de la calle, se llevó por delante a los dos muchachos. Los tres quedaron tendidos en el suelo. Ndungo y el extraño se miraron sorprendidos e intercambiaron algunas palabras extrañas, en lo que supuso un atónito Leonardo sería su lenguaje nativo.

Los policías se acercaban ya con sus armas en mano, dispuestos a apresar al fugitivo. Éste se puso de pie abruptamente. Con una sola mano tomó al italiano por el cuello, mientras con la otra buscaba algo en su bolsillo. En unos pocos segundos había logrado que los hombres de azul arrojaran sus armas amenazándolos con degollar al muchacho con la navaja que tenía en la mano. Rápidamente se dirigió a la calle Maipú, donde se subió al primer taxi que por allí pasó. No pudiendo resistir a la tensión, Leonardo se desmayó.

Despertó en una oscura habitación. El sol que se asomaba por una pequeña ventanilla lastimaba sus ojos y sentía su cuerpo muy pesado. De repente la puerta se abrió y entraron Ndungo y el otro africano. El primero comenzó a hablar.

__ Quedate tranquilo, todo está bien. Él es un amigo mío de la infancia. Cazábamos elefantes juntos allá en Burkina Fasso. Hacía bastante que no lo veía, porque vino a Rosario hace varios años. Hicimos un trato. Yo lo ayudé a zafar de la policía, y él a cambio me va a entrenar para tener un mejor estado físico y poder ser tu “torpedo pesado”. Además, por un tiempo no va a poder salir a trabajar, y nosotros necesitamos una pantalla para tus planes. Me voy a hacer cargo de su negocio. Tiene una heladería en Zona Norte.

Leonardo se tranquilizó y le habló preocupado.

__ ¿Pero qué pasa con la policía? Si lo querían arrestar a él seguramente te va a pasar lo mismo. ¿O lo buscan por un delito que nada tiene que ver con ese negocio?

__ En realidad el problema de mi amigo es un tanto mas complicado… comprometido con casos de prostitución infantil y estafas, entre otras cosas. De todos modos, no creo tener problemas, trabajo para el futuro “capo di tutti li capi”.

__ ¿En serio? ¿Quién es?

__ ¡Vos, pelotudo!


Continuara…







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Nota del Autor:
1-Pido disculpas por la demora que tuvo la publicación de este capítulo. De ahora en más, haré todo lo posible por publicar, como mucho, cada dos semanas.
2-Fe de erratas: “Mafffia” - Cap. 0 – párrafo 3. Donde decía Raphael debió decir Donatello. Dicho error inexplicable ya fue corregido, pero me pareció prudente mencionarlo por quienes lo leyeron antes de la corrección.
3-El presente artículo fue modificado gracias a las recomendaciones de Lucho.

Tags: literatura, humor

Publicado por nikopunk2003 @ 15:41
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miércoles, 12 de julio de 2006

MAFFFIA




Género: Comedia 75.00% Fantástico 12.50% Terror 12.50%



Capítulo 0 (Prólogo)




…mataría que sea, el primero, un relato sobre un crimen (Cuac) [Villano_AC]

…el tema de la historia puede ser producto de una combinación de un crimen y que la historia tenga momentos humorísticos. [varo-77]

…matan al hermano de un mafioso, el mafioso investiga, hasta que al final se entera que fue el mismo que lo mato estando ebrio, y sus lacayos lo habían encubierto, después se suicida [igneusdragon]




La historia se sitúa en una época actual, dentro de una realidad ficticia simultánea a la que vivimos. Por tanto toda semejanza con la realidad es insanamente premeditada.

Durante varios meses se suscitaron momentos de gran tensión en la bella Italia. Los últimos bastiones de la mafia se juegan la credibilidad y el poder desafiando cada vez más al Estado. Todas las familias olvidaron sus diferencias y se propusieron trabajar de manera unificada. El mando de esta gran organización formada prácticamente de un día para el otro, lo tomó el gran padrino Michelangelo Codazzi. Todos cedieron a estar bajo sus órdenes debido a que de los líderes era el de mayor edad y experiencia; además de ser su familia la que propuso la unión, más precisamente Donatello Codazzi, hermano menor de Michelangelo.

Por un período relativamente corto, las cosas marcharon bien para esta súper organización criminal. Pero un terrible hecho empañaría todo lo que habían logrado. Luego de una noche de sexo, drogas y tarantela desenfrenados, don Michelangelo y sus hombres de confianza despiertan en su mansión sin poder recordar nada de lo sucedido la noche anterior. Cuando una de las doncellas va a tender la ropa encuentra a Donatello colgado del tendedero, muerto.

Se armó un revuelo increíble. Michelangelo juró remover cielo y tierra para encontrar al asesino que había aprovechado el descontrol de aquella noche para cometer el crimen. Junto a sus fieles servidores, en quienes confiaba ciegamente, investigó incansablemente, elaboró las más diversas conjeturas. Lógicamente apuntó contra las demás familias, provocando un quiebre en la gran organización que se había formado. Todos los clanes estuvieron más enfrentados que nunca.

Finalmente, uno de los lacayos del padrino Codazzi descubrió que el asesino había sido el propio Michelangelo estando ebrio. Sumergido en la más onda tristeza, decidió irremediablemente dar fin a su vida.

Ante un suceso de estas indignantes características, el resto de las familias volvieron a reunirse y se organizaron para dar cacería al viejo. Éste se refugio como pudo, y se contactó con su nieto, Leonardo Codazzi, el único heredero posible para su ya inexistente imperio.

Se encontraron una tarde en el zoológico. El muchacho aceptó complacido reunirse con su abuelo, sin preguntarse por qué lo hacían en un lugar donde estarían tan expuestos (o sea, bastante pelotudo el pendejo, se la pasaba jugando a los jueguitos y ni se interesaba por los negocios familiares, la guita, la compra de partidos de la Juventus, y demás).

Fue un momento breve pero emotivo. Se sentaron frente a la jaula de los leones. El abuelo le pidió que besara su anillo. Luego se besaron en las mejillas. El viejo no pudo contenerse, y ante la sorpresa de Leonardo que siempre lo veía como un hombre frío y distante, lo abrazó fervorosamente. Luego se sacó el anillo y se lo entregó, con los ojos llenos de lágrimas, que hacían correr el delineador.

_ Míralo fijo hijo mió.

Se levantó de repente, y el nieto preguntó:

_ ¿A dónde va abuelo?

_ A darle de comer a los leones mío bambino, hacé lo que te digo, ¡Aguante Italia carajo dale campeooooon!

Y mientras el joven observaba el anillo, cuya inscripción decía “Recuperá el honor de la familia salame! Vos sos el capo Codazzi ahora! Gloria o muerte!!!”; Michelangelo corría, se abalanzaba hacia dentro de la jaula, y se metía adentro de la boca de uno de los leones como si fuera lo mas normal del mundo.

Así fue que Leonardo, un muchacho bien parecido pero muy corto de mente, con tan solo veinte años queda con el encargo de devolverle el prestigio mafioso a la familia Codazzi. Será una empresa doblemente dificultosa, puesto que él es totalmente ajeno al tema, debido a su poco interés y a sus años de joda loca en Aruba que lo alejaron del circuito criminal.

Totalmente perseguidos por las demás familias debido a todo lo sucedido, los Codazzi deben huir del país. El lugar elegido para asentarse es Rosario, Argentina; una ciudad histórica en materia de mafia.

Entonces lo que queda del imperio, con pasaportes falsos que decían Codazo en lugar de Codazzi, se sube a un avión que los lleva a un futuro incierto. Todos viajan en primera clase, excepto Leonardo, que va escondido entre los equipajes. Lleva consigo incontables cajas de ravioles, una pistola pequeña, una guía de Rosario, la revista “Lecciones de Gasó”, un consolador, y el libro de Esther Goris “Agatha Galiffi, la flor de la mafia”. Habla con un africano que también va de polizón.

_Si querés podes venir. Voy a necesitar mucha gente. Voy a limpiar el apellido de mi familia. Voy a hacer un asado. Voy a volver a radicar la mafia en Rosario, como en los años veinte y treinta. Voy a crear la Mafffia!!!!!!! ….. y después me voy a tomar un helado de frutos del bosque.


Continuara…





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Tags: literatura, humor

Publicado por nikopunk2003 @ 0:48
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sábado, 29 de abril de 2006

Algunas personas han elogiado mis historias y mi manera de escribir. Eso me ha motivado a idear este proyecto. Se trata de un blog exclusivamente dedicado a contar relatos de ficción en formato de novela, publicándose un artículo semanal.

Lo que tendrá de particular esta página es la posibilidad, o necesidad si se quiere (ya que el fin del blog es el ejercicio de la misma), de que los lectores participen activamente de los relatos, cualsifueran los libros "Elige tu propia aventura". ¿De qué manera se llevará a cabo esto? Pues antes de comenzar cada historia nueva los visitantes tendrán la posibilidad de elegir el género de la misma a través de una votación, y de proponer cualquier tema que se les ocurra para que yo desarrolle la trama de la misma. Luego de cada capítulo podrán escribir en el tagboard una posible continuación, para que luego seleccione una y en base a eso escriba el capítulo siguiente. Solo debe ser una frase: la continuación directa al último hecho ocurrido o una idea general para futuros sucesos.

PROPONÉ UN TEMA O UN COMIENZO PARA LA PRIMERA HISTORIA

Publicado por nikopunk2003 @ 2:06
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